Teleférico a ninguna parte
Mientras esperamos las cuentas de los barquitos del Ebro, que cuentan con la mitad de usuarios de lo previsto, otra de las payasadas estrella de la Expo parece que va a pasar del estrellato a simplemente estrellada.
Hablamos del telecabina de Aramón, del que se tiene constancia de unas pérdidas de 1,8 millones de euros en 2009, y que esta temporada se augura aún más deficitaria, ya que el número de clientes está cayendo en picado.
La contrata con Aramón expira en septiembre de 2010, a espera de que el Ayuntamiento decida si quiere que el telecabina se quede en Zaragoza, asumiendo unas pérdidas no precisamente mínimas, que ahora está asumiendo Aramón, que también es en buena parte de capital público. De lo contrario la concesionaria podría llevarse la telecabina, lo cual no sería una gran pérdida, no sólo por sus usos sino incluso por su antiestético aspecto y, sobre todo por su inutilidad, dado que conecta ningún sitio con ninguna parte.
El Consistorio no tendrá fácil cumplir la promesa que hizo el alcalde cuando se subió a la telecabina por primera vez. “Se quedará en Zaragoza indefinidamente”, anunció Belloch. Menos de dos años después, este equipamiento resulta ruinoso, por lo que el Ayuntamiento está planeando hacer equilibrios económicos, de nuevo a pérdida segura, si quiere que se quede en la ciudad.
La primera temporada tras la Expo (desde octubre de 2008 hasta septiembre de 2009), la telecabina tuvo casi 56.000 usuarios. Entre octubre y abril fueron 36.000 los viajeros que sobrevolaron el recinto de Ranillas. En el mismo periodo de esta temporada, la cifra ha caído hasta menos de 20.000 (45,7% de desplome). Si en 2009 las pérdidas de explotación, de gastos financieros y amortización de este equipamiento llegaron a los 1,8 millones, en 2010 la cifra podría aumentar considerablemente ante la caída de usuarios.
En la presente temporada la media de clientes diarios de la telecabina oscila entre 60 y 150, dependiendo de los meses, cuando tiene capacidad para llevar a 2.600 personas cada hora. “No lleva a ninguna parte”, es la queja más habitual por parte de las personas que se montan, en referencia a lo alejada que se encuentra de los focos de atracción turística de la ciudad.


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