Juguetes rotos
14 de junio, dos años de la inauguración de Expo Zaragoza sobre agua y desarrollo sostenible. Un recinto en obras que encendió el contador del derroche de dinero público en 2004 y aún no lo ha parado.
El último gasto conocido son los 55 millones de euros en reconvertir los edificios, ahora mismo invendibles y parece que también imposibles de alquilar, del parque empresarial, al que se podría denominar parque institucional sin equivocarnos. Dinero que sumar a los 500 millones de pérdidas que tuvo la Expo.

A algunos sí que les fue muy bien la Expo
Ahora mismo, mientras maquinaria pesada tritura el adoquinado colocado para tres efímeros meses, en todo un ejemplo de la sostenibilidad que predicaba la muestra, yacen por diferentes lugares del recinto y sus alrededores, los juguetes rotos con los que los zaragozanos o los tiburones económicos ya no quieren jugar.
Juguetes rotos que van desde infraestructuras absurdas, como un teleférico que conduce a ninguna parte, a gloriosos ejemplos de arquitectura inútil, como un rascacielos hueco o un puente que se limita a unir orillas, pero nada más. Y otras con cierto encanto, como algunas obras de arte que se colocaron en las orillas del río y que hoy padecen un evidente abandono.
El hotel-balneario de la muestra nunca llegó a terminarse y su cascarón permanece junto al edificio de Expo Zaragoza Empresarial, sociedad encargada de la reconstrucción del recinto, cuyas acciones han terminado en manos del Gobierno de Aragón, tras deshacerse de toda responsabilidad el Gobierno Central y un Ayuntamiento asfixiado por la deuda. Eso sí, el edificio de Expo Empresarial no conoce la crisis. En su interior aún trabajan más de 40 personas que siguen viviendo de la Expo, como aún pululan por diferentes departamentos y fundaciones vividores de todo cariz a costa del fantasma del 2008. Quién sabe cuántos son, pero ahí están.
La última es montar un museo a mayor gloria del esperpento Expo en Ranillas, anunciado a bombo y platillo un nuevo gasto de dinero público.
Si lanzamos una rápida mirada al cacareado legado de la Expo, podemos empezar por el parque empresarial en que se iban a reconvertir los edificios de la misma. Todo esto antes de que la célebre burbuja inmobiliaria estallara. Finalmente no ha habido ninguna empresa que compre dichos edificios, salvo un grupo hostelero que pondrá los cafés y bocatas a los funcionarios que albergarán los edificios, dado que han tenido que ser recomprados por la propia administración pública, a la espera de posibles ofertas de alquiler, rebajando el precio, claro.
Así pues el parque empresarial se ha convertido en institucional por arte de magia y los zaragozanos tendrán que ir hasta allá para sellar el paro, hacer trámites judiciales, resolver papeles de tráfico o consultar con la Tesorería de la Seguridad Social. La administración paga así varias veces por edificios que fueron hechos con dinero público, reconvertidos con dinero público y ocupados por instituciones públicas.
En este caso, al menos para algo se reutilizan los edificios, porque algunos pabellones casi ni conocieron 2009, como el conocido como botijo de la Expo, aunque ostentara realmente el pomposo nombre de Pabellón de Iniciativas Ciudadanas. Se demolió por completo y quedará un breve recuerdo en forma de placa. Las plazas temáticas también cayeron bajo la piqueta y no queda ni el recuerdo.

El Pabellón botijo, demolido tras tres meses de uso
Otros edificios, por el contrario, se han convertido en verdaderos mamotretos de arquitectura inútil, aquella que no sirve para nada, cuesta un dineral y luego se aprovecha como se puede.
El ejemplo estrella es el Pabellón de Aragón, una especie de cesta de frutas, que a fecha de hoy no tiene destino institucional ni mucho menos comprador. La estructura de este edificio convierte su mantenimiento en una pesadilla.

Pabellón de Aragón, en estos momentos abandonado
Otros ejemplos son el Pabellón Puente de la arquitecta Zaha Hadid, que triplicó los costes previstos y que permanece semi-abandonado uniendo nada, puesto que está cerrado salvo algunas fechas esporádicas, a la espera de que Ibercaja decida qué demonios instala en semejante ballena varada. Se habla de 2012 como una posible fecha para instalar algo relacionado con la tecnología que no se ha concretado.
O la Torre del Agua, rascacielos hueco, que pasará a llamarse Torre CAI, en el que la caja de ahorros debe instalar algún tipo de museo de la ciencia. La escultura que lo decoraba, el Splash, permanece desmontada en un almacén municipal a espera de que se les ocurra cómo montarla en la Estación Intermodal.
El acuario fluvial podría tener su atractivo para el turismo, puesto que se vendió como el más grande de Europa, pero ahora mismo sabemos que también arrastra pérdidas al recibir 90.000 visitas al año, cifra que se prevé continúe bajando. De hecho, con las cifras actuales, sus gestores admiten que apenas permite hacer frente a los costes propios de la explotación y mantenimiento.
Algunos medios, citando fuentes de la propia Expo, barajan siete años a partir de ahora para dar un uso a todos los edificios y hasta esta cifra parece optimista. La Expo que no quería parecerse a la de Sevilla ha terminado haciendo lo mismo que el evento del 92 que mantenía edificios vacíos 15 años después. Con suerte aquí serán “sólo” 10 años.
Pero, no necesitamos ya ni recurrir a otras fuentes. Los mismos medios que se deshacían en halagos con las maravillas de la Expo y la pos-Expo ahora publican comentarios como este, extraído de Heraldo de Aragón:
“Un marrón”. Así se califica en círculos políticos y económicos el negocio que ha hecho el Gobierno de Aragón al asumir la Expo como compensación por la deuda tributaria del Estado. El fracaso en la comercialización del parque empresarial, fruto del parón inmobiliario, no tiene paliativos (solo se ha logrado vender poco más de un 7% en dos años cuando estaba comprometido un 20%), por lo que los costes financieros se han disparado y ahora se deberá recurrir al alquiler en un mercado saturado. En la capital ya hay más de 55.000 metros cuadrados de oficinas vacías, un tercio de la superficie del complejo de Ranillas, según refleja el último boletín anual de la consultora CB Richard Ellis.
Otros medios, como la Vanguardia, también se han hecho eco de la situación actual del recinto Expo.
Pues con este “marrón” nos quedamos y seguimos pagando la cuenta entre tod@s, quién sabe hasta cuándo, amén de soportar la política eventista del Ayuntamiento de Zaragoza metida en el ritmo enloquecido de montar otra Expo, unas olimpiadas, un nuevo campo de fútbol, una capitalidad cultural… Todo ello basado en la dinámica de apoyo a los grandes del ladrillo y el capital financiero responsables en buena parte de la crisis en que nos hallamos sumidos.
Habrá quien nos tache de negativos o cenizos, pero, de verdad, entre todo este cieno en que yacen los juguetes rotos de la Expo 2008, nos gustaría encontrar un motivo para el regocijo de las celebraciones de estos días. La excesiva ilusión de muchos en 2008 ha terminado por hacerles y hacernos un poco menos ilusionados y un mucho más ilusos.



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