Hacer, deshacer, volver a hacer.
La Expo sigue en permanente derribo. Tras la demolición de las fachadas ahora le ha tocado el turno a las pasarelas que unían los pabellones de los edificios Ronda, Ebro y Ranillas. Unos derribos que van a proseguir hasta el 14 de marzo, sin conocerse el coste de los mismos.

Ya se derribaron las fachadas de los pabellones, que habían costado 7 millones de euros y tuvieron una efímera vida de tres meses. También terminó bajo la piqueta el iceberg que estaba en el Ebro, una instalación que en parte ya se había llevado el propio río y que costaba tanto trasladarlo como hacerlo nuevo. Luego fue el Pabellón de Iniciativas, conocido como el Botijo. Ahora es el turno de las pasarelas y luego queda volver a gastar dinero para la adecuación del espacio para reconvertirlo en un nuevo Parque Empresarial, que se está vendiendo a precio de saldo.
Estas obras son unas de las últimas que va a acometer la Sociedad Estatal Expoagua Zaragoza 2008 y en la práctica suponen que, durante unos meses, la Torre del Agua, supuesto icono de la muestra, va a quedar aislada, mientras la CAI decide qué va a hacer con ella, aunque en principio parece que va a ser algún tipo de espacio expositivo de arte contemporáneo, para lo que tardará no menos de dos años, según ha dicho el vicepresidente de la entidad.
El caso es que, a casi seis meses del final de la muestra, de momento lo único que vemos son derribos y una inversión pública que se va yendo por el sumidero euro tras euro en una ciudad al borde de la quiebra técnica y que ha tenido que aplazar pagos de las facturas expo.


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