El sentido común está de vacaciones
No importa gastar 300.000 euros al año en unos barquitos absurdos, que se han asumido como poco menos que deficitarios a perpetuidad. Tampoco importa mucho, por lo visto, que el Ebro se esté convirtiendo en un río muerto a su paso por Zaragoza.
Ni, por lo visto, importa que el azud costará una verdadera millonada y no sirva para hacer navegar los barquitos de la Expo. Una vez más a dragar el río y a ofrecernos el lamentable espectáculo de un mes de excavadoras paseando por el cauce para que tengan sus tres meses de gloria los barcos para los que se adapta el río un año tras otro en vez de al revés.
El sentido común está de vacaciones en nuestra ciudad e intervenciones como esta lo demuestran un año tras otro.

Una edificante imagen de Zaragoza
Pero mejor damos la palabra a un experto en la materia, profesor de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza:
El nuevo dragado en el Ebro vuelve a poner a Zaragoza en la lista negra por malas prácticas ambientales. Mientras se trabaja en toda Europa por el respeto por los valores fluviales y se desarrollan interesantes proyectos de restauración, incluso en tramos urbanos, aquí se domestica el cauce y se le somete a un grave impacto para que naveguen unos barcos inadecuados y poco utilizados.
Zaragoza es la sede del Centro Ibérico de Restauración Fluvial, desde donde aportamos criterios y técnicas de mejora y conservación, dando a conocer buenos ejemplos de actuación en ríos. El dragado del Ebro es todo lo contrario, un mal ejemplo que se repite cada año.
Un año más, con esta ya son cuatro las veces que se draga el río en dos años y medio, la ciudadanía asistirá perpleja a este despropósito, herencia de una Expo que se zampó el curso de la historia y que ha dejado esta herencia, como la de sus inútiles edificios o sus pérdidas astronómicas.


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