¿Zaragoza Cultural?
El último macroevento pergeñado por Belloch y su siervo de lujo, Jerónimo Blasco, se desinfla por momentos. La Capitalidad Cultural Europea en el 2016, a duras penas ha captado, con fecha 4 de agosto, 529 adhesiones de particulares e instituciones, muy por detrás de la larga lista de embajadores con los que cuentan otras ciudades candidatas españolas como la favorita Córdoba (120.984 apoyos), Málaga (131.467), Tarragona (7.940) o Santander (5.408).
En la práctica escenifica la prácticamente nula repercusión que el proyecto Zaragoza 2016 tiene, de momento, en la ciudad. Asimismo se puede hacer una lectura en torno a la efímera repercusión de los macroeventos de este estilo. Especialmente tras el sonado y mal disimulado fracaso de la Expo 08, más allá de las visitas de los propios aragoneses.

En algunos medios se citan otros ejemplos de la escasa repercusión que están teniendo las grandes iniciativas impulsadas por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, como el fiasco escenificado en el mes de junio, coincidiendo con la Feria del Libro, cuando se puso en marcha un ambicioso proyecto solidario para crear una gran biblioteca popular a través de las donaciones que los ciudadanos hiciesen de sus libros particulares, con el fin de donarlo después a Montevideo (Uruguay). Tan sólo un mes después la iniciativa ya estaba prácticamente finiquitada, habiendo recogido unos pocos centenares de volúmenes.
Pero son otras las preguntas que la ciudadanía implicada en la vida cultural se hace, no sin cierta sorna, a la vista del verdadero panorama cultural de la ciudad. Preguntas por ejemplo en torno al cierre de salas de música en vivo, prácticamente extintas en nuestra ciudad, o el fin de las subvenciones a pequeñas asociaciones culturales, verdaderas promotoras del arte popular.
Porque ya hace tiempo que se constata que las iniciativas que surgen de Zaragoza son cada vez más difusas, poco elaboradas y menos atractivas. Es como si todo se hiciera para cumplir con el expediente, si algo llega a terminarse luego no se puede mantener porque no se le ha dado la forma necesaria para que sea viable.
El urbanismo o la arquitectura, como la música, el teatro, el espectáculo en sí mismo, solo tienen sentido si se afincan en la realidad de los que de el usan o acuden. Los datos cantan y hoy por hoy proyectos como el Museo del Fuego o el Cubit siguen aparcados. Otros grandes museos como el Pablo Gargallo están cerrados. Espacios como el Teatro Fleta o el Palacio Fuenclara están directamente abandonados, aunque peor suerte ha corrido el edificio, ya derribado, de los cines Goya, arquitectura modernista de principios del siglo XX, que ha caído bajo la piqueta, como muchos otros edificios singulares.
A esto hay que sumarle que, tras un año de la Expo, el Pabellón Puente, la Torre del Agua y el Pabellón de España están cerrados y el costoso Acuario mantiene unas cifras irrisorias de visitas.
Parece que vivamos en un mundo preilustrado donde unos pocos déspotas, más preocupados por sus empolvadas pelucas que por el contenido de sus cabezas, mostraban al pueblo cuatro fuegos de artificio, mientras se sentían incomprendidos por que pedían pan y rechazaban deconstruidas tortas (Tomado de un foro público)

Sin límites al derroche…


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