Acratorial nº 98
Ha salido el nº 98 del boletín anarquista El Acratador. Esta es su acratorial
Se terminó el orgasmo colectivo de Zaragoza. La Expo del agua cerró sus puertas y es impresionante la cantidad de cosas que ignoramos sobre la misma y las que sabemos a medias. Nos quedan sin embargo sensaciones encontradas y mucho sobre lo que reflexionar desde la gente que desde un principio nos opusimos al engendro.
Sobre todo nos queda la preocupación frente a un modelo urbanístico absolutamente desbocado y expansivo en Zaragoza. Una ciudad que está multiplicando su tamaño pero no su población: la ciudad casi ha duplicado su tamaño en 15 años frente a un crecimiento poblacional de un 7%.
Una ciudad que se está volviendo muy cara (Los terceros alquileres más altos del Estado, dos años con récord de subida del precio de la vivienda) y al tiempo atascada por el tráfico y convertida en una especie de centro comercial inmenso: De 200.000 a 600.000 m2 ha pasado el espacio dedicado a grandes superficies en menos de diez años. De toda esta jugada la Expo es una parte, pero también ha sido el escaparate para catetos perfecto.

Lo que seguimos ignorando, sin embargo, no es poco. Nada sabemos por ejemplo de las cuentas finales del evento. Son un completo misterio. De hecho es chocante que al tiempo que nos hablan de sobrecostes de hasta un 300% en algunos edificios, sin embargo se sigue insistiendo en que se han gastado 750 millones, aunque en 2005 iban a ser 200. Y eso que hablamos de edificios que, en muchos casos, no sirven para nada y tienen un coste de mantenimiento astronómico, como el pabellón-puente o la Torre del Agua, que se habla de un mantenimiento de 6 millones de euros anuales.
También se reconoce de tapadillo que, a la hora de la verdad, un 60% de las visitas han sido de la misma Zaragoza y se nos oculta intencionadamente los miles de entradas gratuitas que han corrido como la pólvora entre la ciudadanía para que las cuentas salieran.
Tampoco sabemos las consecuencias para el río Ebro y sus riberas de toda la maniobra de la Expo. El río se ha dragado sin contemplaciones, eliminando la posibilidad casi de raíz de vida salvaje, se ha optado por las escolleras como decoración y se ha elevado el terreno de Ranillas casi 5 metros a base de hormigón.
Y no es poco lo que nos preocupa la falta de capacidad de respuesta desde la gente crítica desde un principio, aunque ha tenido que ver lo suyo el ecologismo descafeinado de algunos, que han participado en la muestra o la han apoyado directamente, yendo de la mano de las multinacionales que la promovían y varios de los países más dañinos con el medio del planeta.
Y nos queda una preocupación definitiva, como es que esto no ha hecho más que empezar.


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