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La inutilidad del dragado y el azud

Se termina en estos días el dragado del Ebro, un nuevo destrozo, pendiente aún de resolución judicial y plagado de irregularidades, pero sin embargo una realidad sigue siendo evidente: la lámina de agua del azud no llega ni al Puente de Piedra.

Tras haber excavado hasta 80 centímetros en cinco puntos del tramo urbano del río para que los barcos no toquen fondo como el año pasado nos encontramos con la realidad de que, aún añadiendo el derroche del azud, las embarcaciones diseñadas difícilmente podrán garantizar la navegabilidad del río y no digamos ya su sostenibilidad, puesto que apuntan a ser deficitarias año tras año.

Los políticos llegaron a decir que el azud garantizaba la navegación hasta las mismas puertas de la Expo, pero la lámina estable de agua no llega ni al Puente de Piedra. El remanso de agua que se genera en Vadorrey apenas cubre una cuarta parte del tramo urbano del río, por lo que la draga ha actuado incluso a la zona situada aguas arriba del Puente de Hierro para que los barcos no encallen.

Los propios autores de la excavación aclararon que el calado máximo llega a los 2,67 metros en las compuertas de la presa de Vadorrey y se va reduciendo hasta rondar los 70 centímetros a la altura del balcón de San Lázaro, por lo que podría llegar a cruzarse prácticamente a pie el río en algunas zonas, como se hacía hasta hace unos años, si no fuera por la profundidad con que se horada el cauce, construyendo un canal artificial dentro del propio río, que se rellena con las riadas y hay que volver a excavar todos los años.

De hecho habría que elevar el azud un metro más para extender la lámina de agua. Si esto se hiciera, el freático subiría tanto que los garajes de Vadorrey quedarían bajo el agua, aunque, quién sabe, si a Belloch se le antoja. Y ya se tuvo que rebajar uno de los ojos del medieval Puente de Piedra porque era la única forma de que las embarcaciones pudieran remontar el río ante la falta de calado.

Porque es que tenemos una colección de ingenieros con título tombolero que no calcularon que la presa de Vadorrey genera una lámina de poco más de un kilómetro de longitud, pero el tramo de navegación hasta el embarcadero de Ranillas se alarga cuatro kilómetros. Los expertos señalaron en su día que con el azud se podría elevar el cauce hasta la altura del Puente de Santiago, donde los efectos serían casi imperceptibles, de unos cinco centímetros. Tampoco se ha cumplido en el periodo de estiaje. Finalmente se ha optado por la excavación de un canal de 380 ms lineales, que mantenga el calado mínimo de 90 centímetros que requieren los barquitos de Belloch.

En estos momentos se conoce además que el arrastre de materiales, en parte debido a la acumulación de áridos de las penínsulas empleadas en la construcción de los puentes de la propia Expo es uno de los principales responsables de la colmatación del canal. En total, ha habido que extraer 2.000 metros cúbicos de gravas, una quinta parte de lo que se sacó en los dos últimos veranos. Según el Ayuntamiento, la eliminación de las penínsulas a lo largo de este verano minimizará los trabajos en los próximos años, aunque viendo la provisionalidad de toda esta chapuza resulta difícil de creer.

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