Los sudokus de la Expo
Entre algunos técnicos (medios) participantes en las obras (que prefienen quedar en el anonimato) se ha puesto de moda un curioso sudoku que especula sobre la cifra final de toneladas de hormigón que habrán de cubrir para siempre aquellas antiguas huertas. Así pues, el optimismo es más que destacable entre los fabricantes de cemento, extractores de áridos y el gremio de los chóferes de hormigoneras que, como dicen los periodistas, rozan el pleno empleo.
No menos exultante es el optimismo entre las grandes compañías constructoras. A fecha de junio de este año 2006 ya se habían adjudicado el 70% de las obras del meandro, que alcanzarán una inversión superior a los 700 millones de Euros (que si recuerdan son 116200 millones de pesetas). Estas compañías son las de siempre, Acciona, Dragados, Arascón, etc, las grandes nacionales y alguna aragonesa, por separado o que se juntan bien avenidas en lo que llaman “uniones temporales de empresa”. Además están muy contentas porque en apenas un par de años el presupuesto se ha aumentado en 296 millones de euros (es decir, 49137 millones de pesetas). También entre algunos técnicos (superiores) se ha generalizado un sudoku sobre las cifras finales de inversión que alcanzarán estas obras. Naturalmente, al ser pura especulación, es de los considerados extremadamente difíciles pues, para bien o para mal, no se trata de aplicar una simple regla de tres…
Pero si el optimismo es generalizado respecto a los resultados finales de las obras- cuando, repetimos, todavía no se ha puesto un ladrillo ni una baldosa-, no lo es menos respecto a la post-Expo.
Era este un tema complicado, sobre el que algunos sectores sociales (asociaciones de los barrios, colectivos sociales, ciudadanos, vecinos, en fin, gente en general) pedían que lo que allí se proyectase , o alguna parte de esas cifras astronómicas, o alguno de sus edificios, pudiera redundar en cubrir alguno de los déficits que en equipamientos públicos, sociales, asistenciales, educativos, culturales, etc tenía o tiene nuestra ciudad. O sea, traducido al lenguaje vulgar, que alguna parte del antiguo meandro sirviera para que la ciudad tuviera más escuelas, intitutos, hospitales, centros de salud, o centros públicos de colectivos sociales, juveniles, o campos de deportes, pabellones, piscinas, o residencias de abuelos, de jóvenes, de estudiantes, en fin, lo que la ciudad necesitase.
Podría haber sido este un tema que se enquistase en debates tópicos y estériles, o en complicados estudios sobre la necesidad o no de dichos equipamientos. Pues no, el asunto se está solucionando con gran premura, optimismo y originalidad, sobre todo, originalidad. La ciudad no precisa, desde luego, de nada de esa larga lista de tópicos y lugares comunes que piden las gentes de los barrios. Lo que aquí necesitamos son cosas nuevas. Por eso la post-Expo será en su mayor parte centros comerciales y de ocio, es decir, oficinas, bares, restaurantes y minicines.
Eso sí, quedará un gran parque público que, por cierto, ha sido el único proyecto que ha visto recortado su presupuesto. Sabemos que el pabellón de Aragón, cuyo coste ha pasado de 14 a 22 millones de euros, a los que habrá que sumar los de su remodelación, será para oficinas de la consejería de educación. Sabemos que la torre del Agua, que ha pasado de 24 a 42 millones, será para la CAI. El Pabellón Puente, que ha subido de 21 millones a 62 millones de coste, será para Ibercaja. Ambos edificios, dicen, mantendrán su carácter cultural pero, eso sí, serán privados. Por eso, es una gran noticia que cualquier ciudadano podrá cruzar el Ebro por el viaducto del puente pabellón sin pagar nada ( lo cual, para haber pagado, por ahora, 62 millones de euros, por ahora no está nada mal)
Por último, sabemos que el pabellón de los países se convertirá en un gran centro de oficinas y de ocio de 140.000 metros cuadrados, de los cuales más de la mitad serán un aparcamiento para 2000 coches (con lo cual, por lo menos, el tráfico lo tendremos asegurado)
A esto tenemos que añadirle lo que ya sabíamos: tendremos hoteles de lujo pagando; tendremos un bonito canal de aguas bravas por el que bajaremos pagando, tendremos un bonito acuario de peces de río (lucios y todo eso) pagando, tendremos un moderno centro termal donde nos cuidaremos el reúma pagando, hasta tendremos un minigolf…
Como ven, el optimismo y la originalidad reinan en Ranillas.


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